Harry había decidido que debía dar clases a sus amigos sobre Defensa de las Artes Oscuras. La profesora Umbridge no les dejaba hacer hechizos en clase, según ella por orden del Ministerio. Pero leer libros no bastaba. Afortunadamente, Neville Longbottom había descubierto la Sala de los Menesteres, aquella que ofrecía exactamente lo que querías o necesitabas. Pero solo lo sabían Ron, Hermione, Neville y él. Así que decidió y comunicó a los demás que iría a buscar al ED (Ejército de Dumbledore).

Decidió empezar por Angelina Johnson, su compañera en el equipo de quidditch de Gryffindor. Salió de la Sala de Menesteres con sigilo para no alentar a Flint. El conserje llevaba tiempo siguiéndole y Harry aprendió a ser sigiloso. Bajó las escaleras y se paró frente al retrato de la Señora Gorda, la guardiana de Gryffindor.
– ¡Fortuna Major! -exclamó Harry en voz baja, murmurando la contraseña.
En la sala común de Gryffindor solo estaba Kate Bell, otra compañera en el equipo de quidditch.
– Hola, Kate -saludó Harry.
– Hola -saludó Kate-. ¿Vas a ir al entrenamiento?
– Supongo que sí -contestó Harry-. Oye, ¿has visto a Angelina?
– ¡Claro! -exclamó-. Está enseñando a Luna Lovegood, la de Ravenclaw, a volar en escoba. ¿Por qué?
– Porque ya he encontrado un lugar para las reuniones de ED -susurró Harry-. Está en la séptima planta.
– ¡Gracias! -sonrió Kate-. Por cierto, deberías de ir con la ropa invisible. Flint te está siguiendo.
Y sin más, empezó a hacer los deberes.
Harry fue a buscar a Cho Chang, una chica de Ravenclaw. Atravesó los jardines, en los que se topó con Dean Thomas, otro miembro del ED.

– Hola, Dean -dijo Harry, exhausto-. La próxima reunión de ED será en la séptima planta.
– Gracias -dijo Dean-. Oye, cuando termines los deberes de la profesora McGonagall, ya sabes, lo de buscar cinco gárgolas parlantes en Hogwarts, dime dónde están, ¿vale?
– Vale, hasta luego -dijo Harry, que no sabía que hubiera deberes.
– Adiós -exclamó Dean.
Harry corrió hacia la lechucería y se encontró cara a cara con Cho.
– Ya lo sé, Harry, ya sé donde va a ser la reunión -dijo de improviso-, pero ayúdame a rescatar a mi lechuza.
Y Harry lo hizo. Se despidió de Cho estupefacto.
Escrito por.
ALBA ESPADAS FERNÁNDEZ