No es fácil saber si los autores de este video eran conscientes de que las fichas que movían eran virtuales, pero el juego les permitió aprender de otra manera. No sólo manejan los mandos, también interpretan múltiples códigos que combinan las imágenes y el sonido. Si, además, cuantan a otros lo que han hecho y para ello utilizan fotografías, material multimedia o realidades virtuales, sabrán controlar diversos medios de comunicación, normalmente ausentes en las aulas pero imprescindibles para vivir en la sociedad del siglo XXI.
Los videojuegos permiten a los jugadores identificarse con los avatares creados y sumergirse en las situaciones vividas durante el juego. La calidad de los gráficos, que convierte el mun do virtual en algo casi real, y la alta interactividad que ofrecen estos medios los convierte en instrumentos para explorar otros mundos. Es interesante observar cómo esta identificación la expresan los adolescentes que produjeron este vídeo a través de una representación casi teatral. En las imágenes que rodaron de forma espontánea se entremezclan personajes reales, parejas de estudiantes que dialogan y pasean, con escenas en las que los actores se comportan como los personajes del juego. Podemos pensar que algo semejante podría haber ocurrido a partir de una película, seguramente es cierto. ¿Cuál es entonces la peculiridad de un videojuego? El hecho de que permite actuar en un mundo virtual. En la segunda parte del video los jóvenes que lo han producido son conscientes de ello y nos lo cuentan a través de las imagenes del juego, de sus pantallas.