Comprender las relaciones sociales, las posibilidades que tenemos de colaborar o de defendernos de los demás, es algo que sugiere un videojuego como Spore, aunque sus criaturas no tengan forma humana. Simulando mundos y sociedades que viven en ellos, podemos comprobar cómo la evolución de una especie depende no solo de su desarrollo físico sino también de la capacidad para relacionarse y vivir en comunidad.
Las infraestructuras que necesita una ciudad o los elementos que la hacen más habitable, se pueden conocer a través los libros, pero también podemos hacerlo diseñando una ciudad con Sim City Creator. Este videojuego permite elegir el tipo de viviendas, poner canales de abastecimiento de agua o trazar carreteras. A diferencia de los textos escritos por otros o de las fotos estáticas que los ilustran, en el videojuego la realidad simulada puede ser trasformada por el jugador. El aprendizaje utilizando videojuegos puede ser más más activo y real, y esos instrumentos se convierten en una herramienta muy útil en las aulas.