Los videojuegos hacen posible lo que sería impensables en la realidad. Manejando el mando de la wii, se devuelve una pelota complicada mientras se juega un partido de tenis e, incluso, se juega con una minusvalía físca permanente o accidental. No importan las limitaciones, el videojuego permite una inmersión en otra realidad y experimentar sensaciones quizás imposibles en la vida real.
Muchos jóvenes piensan que puede haber otras formas de aprender. A diario y fuera de las aulas nos demuestran cómo se puede aprender utilizando no sólo medios impresos. El videojuego es uno de esos nuevos instrumentos. Seguramente será importante que los alumnos, cuando se dan cuenta, vayan más allá de la idea de que aprender con videojuegos es divertido. Es necesario dar un paso más y justificar por qué y cómo se aprende con ellos.